Este domingo se clausuraba, con la celebración de la eucaristía en la Catedral de Oviedo, el XXXIII Encuentro Nacional de Pastoral del Sordo y Sordociego. Desde el jueves, día 2 de julio, alrededor de un centenar de personas se reunieron en el Seminario Metropolitano para vivir unos días de encuentro y formación, junto con la vivencia de experiencias como la visita al Santuario de Covadonga y Valdediós.
El encuentro servía también como impulso para revitalizar, en las diócesis, la Pastoral del Sordo, homenajeando, además, al recientemente fallecido sacerdote Regino Chiquirrín, quien desde nuestra diócesis asturiana hizo crecer la Pastoral del Sordo no sólo entre nuestras fronteras sino también a nivel nacional.
De él se acordó, en su homilía, el Arzobispo de Oviedo, Mons. Jesús Sanz, el pasado domingo, de quien dijo que «tanto y tan bien trabajó aquí en Asturias y en toda España con esta preciosa labor de acompañar a estos hermanos. Y fue precisamente en nuestra tierra donde comenzó el trabajo con niños sordos y huérfanos con la entrega sacerdotal de Don Domingo Fernández Vinjoy, hace más de cien años, siendo hoy la Fundación Vinjoy un referente dentro y fuera de nuestras fronteras, de lo que significa este compromiso con el mundo de la sordera y otras realidades de exclusión social».
En una eucaristía que se retransmitió en directo a través de Trece TV y que contó con numerosos intérpretes en lenguaje de signos, sacerdotes y también miembros de la Fundación Vinjoy, Mons. Sanz quiso referirse a los participantes del Encuentro recordando que «Dios habla al corazón de cada persona», y que «lo más importante el Señor lo muestra precisamente para que sea descubierto con los ojos del corazón». «No hay circunstancia congénita o durante la vida acontecida –dijo– en la que Dios no tengo algo que decirnos y algo que ofrecernos. Su palabra y su belleza no están vetadas a quienes no pueden oír o no pueden ver. Hay escenas del Evangelio en las que los sordos oyen, los ciegos ven, los cojos saltan y todos se encuentran con Jesús estrenando la esperanza. Por eso es tan hermosa esta pastoral que acompaña eclesialmente a estos hermanos que son pobres en sus oídos o sus ojos y tan ricos en su corazón y en sus entrañas. Ellos que oyen desde Dios nos dan ese precioso testimonio a un mundo tan sordo para la verdad, la bondad y la belleza. Y ellos, cuyos ojos cerrados nos muestran lo que ven desde Dios lo testimonian como luz que disipa la oscuridad que nuestra sociedad mantiene con su ceguera inhumana».