Manos Unidas le declara la guerra, un año más, al hambre

Publicado el 06/02/2026
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Manos Unidas le declara la guerra, un año más, al hambre

«Declara la guerra al hambre» es el lema de la Campaña contra el Hambre de Manos Unidas de este 2026, la campaña número 67 en concreto, que en esta ocasión viene a ser un homenaje a las primeras mujeres de la Unión Mundial de Organizaciones Femeninas Católicas que, en un manifiesto firmado en 1955, declararon la «guerra al hambre». Este gesto supuso, además, el origen de Manos Unidas puesto que, desde aquel momento, 15 mujeres de la Acción Católica se organizaron y comenzaron a organizar sus Campañas contra el Hambre, en lo que fue el origen de esta institución. Manos Unidas es una ONG católica de la Iglesia en España que tiene como objetivo apoyar a los pueblos del sur en su desarrollo, algo que hacen principalmente a través de proyectos en la zona y también de la sensibilización a la población.

Comienza estos días la Campaña contra el Hambre que, aunque vive ahora sus momentos más fuertes, se desarrollará a lo largo de todo el año con el objetivo de recaudar fondos para financiar una serie de proyectos que tiene encomendados nuestra región asturiana para este 2026. Son en total 10, principalmente situados en África: en la República Democrática del Congo, en Togo, en Zambia y en Etiopía. Además, también se desarrollará alguno en Asia, concretamente en Bangladesh, en India y en Palestina. «El importe total de los proyectos que queremos poder financiar en Asturias asciende a más de medio millón de euros», explica la Delegada de Manos Unidas en la diócesis, Marta Fano, que explica que normalmente, gracias a la generosidad de los asturianos, «se consigue ampliamente, es más, se duplica la cifra». De hecho, en el año 2025 Manos Unidas logró recaudar más de 1 millón de euros para financiar proyectos, algo que «en una Comunidad Autónoma tan pequeñita como es la nuestra, supone una cantidad impresionante». Los beneficiarios de estos proyectos que se quieren financiar desde Asturias son más de medio millón de personas de forma indirecta y directamente, más de 20.000 personas. Son por lo general, proyectos centrados en la educación, como la creación de escuelas; la sanidad, como los dispensarios, maternidades y hospitales y también infraestructuras como la construcción de pozos.

Marta Fano y el P. Philippe

Esta labor de recaudación no puede llevarse a cabo sin la implicación de los numerosos voluntarios que se encuentran repartidos por todo el territorio asturiano, casi un centenar de ellos, junto con doce mujeres voluntarias que colaboran con la sede central de Manos Unidas en Oviedo. Junto a todos ellos, Marta Fano reconoce la presencia de «cientos de personas, además, que participan de forma totalmente gratuita en momentos puntuales dando su tiempo, su trabajo, su dinero y su esfuerzo para poder realizar actividades con las cuales financiar estos proyectos de desarrollo».

Durante esta semana ha estado presente en Asturias el padre Agustino de la Asunción Philippe Muhindo Ndungo. Él es natural de la República Democrática del Congo aunque lleva años en viviendo en la Comunidad de su congregación en Madrid. A lo largo de estos días ha recorrido colegios y parroquias de Oviedo y Gijón contando su testimonio como misionero y como testigo de la labor de Manos Unidas en su país natal, donde pudo vivir de primera mano la construcción de varios proyectos financiados desde esta ONG. Un ejemplo de ello tuvo lugar en su propio pueblo, en la zona de Kivu Norte. Allí tenían una necesidad muy concreta y era contar con una escuela para que los niños pudieran acudir a clase de manera segura, tanto por las lluvias y el barro que anegaban las construcciones como por tener un edificio cercano ya que la escuela más próxima estaba a 5 kilómetros y los niños iban y venían con el peligro de la inseguridad que existe en la región, con militares rebeldes que podían reclutarles, tanto a los niños como a las niñas. «Los profesores redactaron este proyecto y me lo dieron y yo al regresar a España, porque estaba allí de vacaciones, lo traje, lo presenté  en mi Vicaría y el proyecto cayó en manos de Manos Unidas», explica. «Fue, de verdad, un alivio muy grande la realización de este proyecto y se trabajó con toda la transparencia», reconoce el misionero que asegura agradecer «mucho» a Manos Unidas «su manera de trabajar», puesto que «no solamente fue dar el dinero y ahí os apañáis», sino que «el proyecto costó 85.000 euros y Manos Unidas lo fue entregando por partes. Cuando se terminaba la primera parte, se enviaban fotos del trabajo y el informe. Y entonces mandaban una segunda parte del dinero, y después la tercera parte. Me gustó mucho, tanto la manera de trabajar de Manos Unidas como también la confianza y el empeño de mi pueblo».

La segunda experiencia del padre Philippe con Manos Unidas tuvo lugar en la capital de su país, en Kinsasa. Allí, en un barrio periférico y muy poblado llamado Masina, se hacía urgente contar con una maternidad, puesto que las mujeres que tenían que dar a luz, se desplazaban varios kilómetros para contar con asistencia médica, algo que de noche podía agravarse por la inseguridad. «Se redactó un proyecto y se hizo llegar a la diócesis, y desde ahí, llegó a Manos Unidas, quien lo estudió y le dio luz verde. Finalmente se construyó una maternidad con 5.000 plazas. «La alegría de tantas mujeres que ya no tenían que recorrer kilómetros para dar a luz fue muy grande», explica el sacerdote.

Los voluntarios y personas vinculadas a Manos Unidas, así como todos los creyentes, están invitados a participar en la eucaristía de inicio de Campaña contra el Hambre 2026 este sábado en la Catedral, a las 18,30 h.