Sacramentos Iniciación Cristiana Adultos 2026

Publicado el 17/05/2026
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En esta tarde de la fiesta de la Ascensión del Señor, estamos este numeroso grupo de cristianos llenando la Catedral de Oviedo como pocas veces se puede contemplar. No es la primera vez que nos sucede, y por el mismo motivo en esta preciosa e inmensa concurrencia que nos hace sentirnos una Iglesia viva y joven. Puedo decir que no sé acostumbrarme a este verdadero espectáculo tan amable. Es como una sorpresa que siempre me provoca abriendo de par en par mi mirada, porque no por sabida y esperada cada año, deja de provocar el asombro y la gratitud en mi alma. Precisamente, hay un contrapunto entre lo que vamos a vivir esta tarde aquí, como culmen de todo un camino realizado, y lo que puertas afuera vemos que en nuestros días se nos impone de muchas maneras. Sí, en estos tiempos que corren tan turbulentos en tantos sentidos, tan aciagos por las amenazas bélicas o por las guerras en curso, por los dimes y diretes de los mentideros con sus frivolidades y escaramuzas, por los escenarios de corrupción en una parte de la clase política y sus trampas en la gobernanza, en estos tiempos, digo, en los que nos asolan todas estas podredumbres, aparece como más necesario, una vez más, la referencia moral y ese rearme ético que ponga en primer plano la verdad, la bondad, la paz y la belleza, esas que vuestros corazones han sido buscadores y que las habéis reconocido en el rostro de Jesucristo.

No en vano, los fautores de ese escenario preocupante que acabo de señalar, tienen como usanza atacar de mil modos la presencia cristiana en la sociedad, como si fuera una espina que tienen clavada en sus cuentas pendientes, en sus contradicciones a mansalva, necesitando poner en sus dianas a la Iglesia católica para distraer la focalización en sus vergüenzas, para denostar a los cristianos ninguneándonos con sus censuras o señalándonos con sus ataques mediáticos y legislativos, como estamos sufriendo a diario los católicos.

Por eso, vuelve a sorprenderme con inmenso agrado que a pesar de tanto y a pesar de ellos, la presencia cristiana permanece como un faro de referencia en medio de las tempestades geopolíticas, económicas, éticas y culturales. Se vuelve a repetir lo que sucedió hace dos mil años: la persecución hacia Jesús y aquellos primeros cristianos, no era una persecución inocente o fortuita, sino la reacción de quienes amigos de la oscuridad, la depravación y la muerte, se sentían incómodos ante quien se presentaba aún en medio de todos sus defectos y pecados, como testigos de la luz amiga, de la regeneración moral y de la vida.

Cuando parece que nos han hecho mella tantas andanadas contra la Iglesia y que debemos colgar el cartel de “se vende” en nuestros principios y nuestras propuestas, resulta que renace inesperadamente el interés por el Evangelio, por la tradición cristiana y por nuestra postura moral ante tantos desafíos. Lo pude experimentar hace días ante el precioso espectáculo de subir con más de 700 jóvenes hasta Covadonga caminando por la montaña y adentrándonos en sus bosques. Chicos y chicas sanos y joviales, que hacen sus estudios, saben divertirse sanamente y tienen un interés creciente por vivir todas sus cosas desde la clave cristiana: sus preguntas, sus amores, sus ensueños, sus heridas, sus certezas. Todo un regalo por el que di gracias con ellos ante nuestra Santina.

Pero, como acontece cada año por estas fechas de pascua, volvemos a celebrar en nuestra catedral de Oviedo un acontecimiento peculiar que despierta hasta el extremo la gratitud más asombrada: el hecho de ver nuestra iglesia madre diocesana llena hasta la bandera y el campanario, por los 372 jóvenes adultos que llaman a la puerta. Cada uno de vosotros tenéis la edad que coincide con vuestros años, y vuestros pies han frecuentado tantos caminos pisando un sinfín de escenarios. Habéis soñado tantas cosas hermosas, habéis brindado por ellas con la gente que os quiere o por la que os sabéis muy queridos, tal vez también tenéis experiencia del fracaso que abruma, del cansancio que astilla, de la incomprensión de haber sido rechazados y excluidos. Pero, en medio de vuestras búsquedas aventuradas, vuestros sueños o pesadillas, ha habido un momento en el que Jesús ha aparecido con su luz capaz de iluminar todas vuestras penumbras abrazando las preguntas que os embargan el corazón.

Desde siempre Él sabía el color de vuestros ojos, y era conocedor de cuanto anida en vuestros corazones. Más aún: con vuestras lágrimas Jesús sollozaba su llanto y con vuestras alegrías gozaba en su fiesta que no acaba. No sois anónimos para el Señor, y tiene tatuado vuestro nombre en la palma de sus manos como dice con audacia el profeta Isaías (49, 16). Quiso daros los talentos con los que os envía junto a otros hermanos y también os dio los límites que recuerdan que no debéis aislaros, pero con vuestros talentos y límites quiere Dios contarnos cosas con vuestros labios, y repartirnos sus dones con vuestras pequeñas manos, para constituiros en portavoces de su Palabra y portadores de sus gracias y regalos.

Algunos de vosotros pedís el bautismo: nada menos que 22. Es la puerta de entrada en la comunidad cristiana. No llegáis tarde, sino en el tiempo oportuno que os ha tocado en gracia. Jesús os ha esperado, sin prisa, aguardando el momento propicio para vuestro inicio en la Iglesia. El agua sobre vuestras cabezas llegará a limpiar toda una vida, y el óleo en vuestro pecho fortalecerá el amor y la entrega en vuestro testimonio cristiano. Otros sólo estabais bautizados, sin que quizás haya habido luego una vida religiosa que creciese y madurase vuestro bautismo. Dais este paso para acercaros por primera vez a la Eucaristía, verdadero alimento del alma que Jesús nos ofrece en torno a la mesa de su banquete y sacrificio, si nos acercamos debidamente preparados. Y no pocos de vosotros, ya bautizados y habiendo comulgado tantas veces, no habíais recibido el sacramento del Espíritu Santo. Son las tres citas con las que se inicia propiamente la vida cristiana: el Bautismo que nos hace hijos de Dios, la Eucaristía que nos nutre con el Cuerpo de Cristo, y la Confirmación que nos fortalece con los dones del Espíritu Santo para dar testimonio en medio de una sociedad plural y compleja que no siempre reconoce ni acoge el Evangelio y la tradición cristiana.

¡Qué alegría para nuestra Iglesia diocesana! La Archidiócesis de Oviedo hoy vive este intenso momento de gozo por el regalo inmenso de cada uno de vosotros. Doy gracias a Dios por cuantos os han acompañado en vuestras familias, por el equipo que coordina el catecumenado de adultos en nuestra Diócesis, por vuestros catequistas y sacerdotes, por las religiosas y amigos que os han animado. Nuestra sociedad necesita este testimonio, que no es el relato de los escándalos de la corrupción cotidiana, sino el de la esperanza que no defrauda cuando tras el encuentro con Cristo la vida cambia, y nos convoca a ser testigos de la paz, la bondad, la verdad y la belleza que llenan la ciudad de alegría. Todo un regalo por el que dar tantas gracias. No nos quedamos mirando al cielo como aquellos primeros cristianos que vieron a Jesús ascender hasta su Padre, sino que nos sabemos continuadores de la Buena Noticia que tuvo en Cristo su comienzo y cuya misión ahora nos ha querido confiar. Os doy mi enhorabuena y pido a nuestra Madre la Santina que os proteja y os acompañe. Amén.

 

Fr. Jesús Sanz Montes, ofm
Arzobispo de Oviedo
S.I.C.B.M. El Salvador. 17 mayo de 2026