Día del Emigrante. Pola de Allande, 2026

Publicado el 01/08/2026
[ssba]

Querido señor párroco, don César y hermanos sacerdotes concelebrantes. Saludo a la señora alcaldesa, al señor consejero de la Embajada de la República de Santo Domingo en España, al señor presidente del Partido Popular en Asturias, al señor teniente coronel de nuestra querida Guardia Civil, y a todos vosotros hermanos y hermanas que nos acompañáis en esta celebración.

Con gratitud recibí la invitación de la señora alcaldesa y del párroco para presidir esta eucaristía en el día de homenaje fraterno y cariñoso a nuestros emigrantes, particularmente de la República Dominicana, país bellísimo que tuve el honor y el gusto de poder conocer hace unos años. Uno de los sacerdotes concelebrantes, don Natanael, de aquella tierra querida.

La historia del pueblo escogido es una historia de peregrinación. No solamente aquellos dos primeros que tuvieron que salir de una casa con forma de jardín, tuvieron que aprender a vivir caminando y peregrinando, como Adán y Eva al comienzo de la historia de la salvación, sino también aquel pueblo escogido que sufría, en Egipto, todas las consecuencias de un exilio impuesto, tuvieron que aprender a caminar abrazando la tierra de la libertad. Aquellos cuarenta años de desierto marcarían la memoria y la conciencia de un pueblo que aprendió a serlo peregrinando. Podemos decir que la peregrinación forma parte de nuestra humana condición. Todos somos peregrinos. Somos peregrinos de lo mejor. Somos peregrinos del bien, de la belleza y de la bondad. Somos peregrinos de la verdad, de la paz y de la justicia.

Sí, somos peregrinos de lo mejor. Sea cual sea nuestro punto de partida, sea cual sea la meta final que nos aguarda, todos en la vida tenemos este movimiento en el corazón de aspirar peregrinando a lo que de suyo es sencillamente mejor. Aquellas tierras americanas que consideramos con todo honor hermanas, y que a veces nos dicen que somos la Madre Patria, son pueblos que se mezclaron, mientras que otras tierras de aquel gran continente americano no conocen este mestizaje fraterno del que nosotros gozamos. No quedan en algunas tierras del norte de América pueblos que se han mezclado mestizándose, sino sencillamente alguna reserva india para los turistas o como extras de algunas películas de indios y americanos. No así sucede con la América hispana, donde tuvimos no solamente el regalo de poder descubrir una tierra que ya existía y unas gentes que nunca nos habían presentado, sino que tuvimos ese gesto fraterno, y así ha evolucionado, de mezclarnos con ellos, aportando y recibiendo lo mejor que cada uno llevaba dentro. De este modo ha nacido este mestizaje fraterno. Les llevamos una lengua, una cultura y una fe. Y cuando vienen a España ellos, como no pocos de vosotros, nos devolvéis esos valores que os llevamos hace ya más de cinco siglos. Y por eso damos las gracias muy sentidamente, porque venís con este gesto de devolución, enriqueciendo lo que nosotros os pudimos llevar tanto tiempo atrás, cuando tuvo comienzo la peregrinación del descubrimiento de aquel continente. Nada que ver, lógicamente, con la invasión que en estos días están sufriendo ciudades españolas por esa especie de marcha verde en la que unos jóvenes, quizás empujados con malas artes, han podido llenar duplicando y triplicando ciudades, del norte de África, que son tierra española, como Ceuta y Melilla.

La vulnerabilidad de quienes nos gobiernan, la fragilidad de nuestras fuerzas de seguridad, que bien sufren en carne propia esta consecuencia por el abandono de quienes más les deberían proteger, hace que estemos asombrados y perplejos por algo que no solamente condenamos, sino que deseamos que por bien de todos los que entraron puedan regresar con sus familias y a sus lugares de procedencia y los que estaban para que recuperen la paz y la seguridad que ha sido gravemente perturbada.

Como digo, no es el caso de nuestros amigos y hermanos americanos hispanos en este día del emigrante que estamos aquí en Pola de Allande celebrando. Somos peregrinos de lo mejor. Compartimos tantas cosas y sobre todo compartimos los sueños de ese mejor que deseamos que nos presidan. Ese mejor que está precisamente firmado con firma de autor por lo mejor que anida en el corazón de las personas.

Cuando las personas tienen la bondad que no ha sido envilecida, la belleza que no ha sido manchada, la paz que no ha sido conculcada. Y cuando tenemos esa verdad, bondad, belleza y paz en el corazón, podemos mirarnos a los ojos, podemos dialogar como dialogan las personas maduras y adultas y podemos compartir con verdadero gesto fraterno lo que nosotros queremos para el bien de los demás, como el bien de los demás, queremos también a nuestra vez poder recibirlo.

Por eso, en este día del emigrante aquí en Pola de Allande, comenzamos los actos con la celebración de la Santa Eucaristía. Creemos en un Dios que es también peregrino. Un Dios que en su Hijo peregrinó a la historia de la humanidad. El hombre y la mujer fueron creados de modo distinto. Dice el libro del Génesis en su primera página, que cuando Dios fue creando todas las cosas las hizo según su especie. Pero con el hombre y con la mujer no dice esto el Creador. No los hizo según nuestra especie, sino nos hizo parecidos y a semejanza del propio Creador. Nos parecemos a Dios y somos con Él semejantes. Un Dios que sabe de nuestra historia, un Dios que no es ajeno, un Dios que no es intruso, un Dios que no se entromete como quien quiere con injerencia complicarnos las cosas. Es un Dios amable, un Dios Padre y bueno. Es un Dios que se ha hecho hermano y que quiere abrazar nuestro destino. Tanto es así que este Dios en el cual creemos, ha querido hacer de nuestras lágrimas su propio llanto. Y dibujar con nuestras alegrías la mejor de sus sonrisas. Ese Dios así de cercano, así de padre, así de fraterno, es el Dios en quien creemos y en él nos miramos como quien se mira en alguien que nos parecemos y del que somos la más perfecta semejanza.

Es hermoso poder escribir historias en los pueblos, dialogando, mezclándonos y compartiendo lo que nos hace crecer juntos en el respeto y en el mutuo enriquecimiento. Estamos comenzando el mes de agosto. Hoy es la festividad de un santo italiano, San Alfonso María de Ligorio, gran moralista que ayudó a tener la conciencia moral para que lo que hacemos cada uno en nuestro ámbito, sea cual sea, no tenga el interés bastardo de lo que se corrompe, de lo que se emponzoña, de lo que termina siendo tan tremendo que acaba como algo obsceno. San Alfonso María de Ligorio nos recuerda que hay principios morales que nos hacen verdaderos, que no permiten que nos engañemos, que nos corrompamos y que nos destruyamos. Por eso a él le pedimos también que con la intercesión desde el cielo pueda ayudarnos en este momento difícil en el escenario internacional y las geopolíticas inmensas, así como en el territorio nacional de nuestros países, donde tenemos grandes dificultades, en la convivencia y en el bienestar.

Pedimos la intercesión del buen Dios, la intercesión de Santa María nuestra Madre y de estos santos como el que hoy celebra la Iglesia. Y comenzamos aquí en la parroquia una serie de actos que tienen como homenaje el abrazo fraterno a estos pueblos hermanos, particularmente los que venís de República Dominicana.

Si puedo, volveré a vuestra tierra para gozar de vuestro clima, de la bondad de vuestra gente y de la belleza de aquel paisaje tan señero. A las autoridades presentes, gracias por ayudarnos, gracias por participar aquí en la Santa Misa que proseguiremos después con los actos que vengan a continuación. Que Dios os bendiga, que siempre os guarde, Queridos amigos, entrañables hermanos, paz y bien.

 

+ Fr. Jesús Sanz Montes, ofm
Arzobispo de Oviedo
Pola de Allande. 1 agosto de 2026