75 aniversario Obra Orionista

Publicado el 16/05/2026
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Queridos hermanos y hermanas, paz y bien en el Señor. Saludo al Señor Vicario General de la diócesis de Oviedo, al Padre General de la Congregación Orionista, al igual que a los Provinciales de España y Polonia, y a los demás Padres Orionistas que nos acompañáis. También a las autoridades que nos honran con su presencia: al Señor Alcalde y demás autoridades municipales, nuestra querida Guardia Civil.  Las religiosas, los voluntarios y los que forman parte como laicos de esta obra de la iglesia, tan importante y tan querida como es la Familia Orionista.

Quiero comenzar diciendo que estos sonidos que a veces escuchamos de los hermanos que están aquí en la iglesia que son los que acogen y atienden en el Centro Don Orione, al igual como sucede cuando hay niños que corretean o lloran en nuestras celebraciones, no solamente no molestan, sino que hacen las delicias de un Dios que los mira con inmensa gratitud y en ellos se complace. Por eso es un motivo de alegría en esta celebración cuando escuchamos esas voces o esos pequeños gritos, y podemos decir: te damos gracias, Señor, por estos hermanos que misteriosamente son un regalo para todos nosotros y a los cuales nos has enviado para ponernos a su servicio.

Estamos celebrando una efeméride particular: 75 años de una historia con aquella primera piedra que se puso aquí en Posada de Llanes, para una obra apostólica que tiene su origen en alguien que levantó la mano para expresar su disponibilidad. Aquel joven sacerdote, Luigi Orione, levantó la mano para ofrecerse, para decir aquí estoy, para decir a Dios: puedes contar conmigo. Fue la respuesta que quiso dar.

Luigi Orione respondía así a un Dios que hizo preguntas: ¿quién me presta su mirada para que yo me pueda asomar con sus ojos a tantas realidades, hijos e hijas que necesitan de mi cuidado? ¿Quién me presta sus labios para que yo con ellos diga las palabras que siendo verdaderas abren horizontes de esperanza? ¿Quién me presta sus manos para que yo con ellas pueda acariciar, acoger y levantar aquellos que él ha puesto a mi cuidado? Y entonces Orione levantó la mano para decir: aquí estoy, mándame que yo quiero ser tu instrumento en este tiempo de la humanidad.

El evangelio que acabamos de escuchar siempre será un evangelio incómodo, tan incómodo como necesario, tan necesario como fundamental, porque aparece Jesús que se solidariza con aquellos que tienen hambre, con aquellos que experimentan el miedo y la soledad, la exclusión y la condición errante. De las situaciones no deseadas pero acuciantes con aquellos detrás de los cuales la mirada, los labios y las manos de Jesús se hacen presentes. Y por eso el Señor dirá, venid a mí, benditos de mi Padre, porque yo estaba con ellos, yo era ellos. A lo que los discípulos dijeron: Señor, ¿cuándo te hemos visto a ti en la cárcel o hambriento, sediento o extranjero? ¿Cuándo como errante te hiciste nómada como un emigrante cualquiera? ¿Cuándo te hemos visto a ti en estas circunstancias a las que tú apelas? Entonces Jesús responderá: en aquellos que sufren estas circunstancias, yo estoy dentro de ellos. Este es el sentido que tiene el carisma precioso de Don Orione cuando con la Pequeña Obra de la Divina Misericordia viene a ofrecerse al buen Dios, para prestarle, por así decir, a aquel que se los dio, sus ojos, sus manos, sus labios y su corazón.

Son los 75 años de esta historia donde hubo una primera piedra. Hablar de la primera piedra es hablar de un edificio que se comienza a construir y que a diario seguimos construyendo. Nosotros formamos parte de él, aunque no seamos la primera piedra. Cada uno con su edad, con sus dones y talentos, también con sus límites y dificultades. Somos una nueva piedra que se ensambla en ese edificio que juntos, con la ayuda del buen Dios, queremos seguir levantando y consolidando.

Y en este edificio caben las personas que Dios nos confía, como han hecho a través de todos estos años los Padres Orionistas. Podemos decir con más precisión, la familia Orionista, también con las hermanas y con los laicos, que estáis haciendo una parábola preciosa de amor, como nos decía Pablo en la segunda lectura, y de misericordia entrañable. Yo agradezco la invitación que se me hizo como arzobispo de Oviedo para estar esta mañana con vosotros a fin de dar gracias por esta queridísima presencia en nuestra diócesis.

Tras tantos años, ya que en este edificio del que formamos parte, no como la primera piedra que entonces se puso en este edificio, sino como piedras hermanas que han venido después, sigan teniendo cabida la acogida de quien tiene y sufre sus intemperies, el cariño de quien a veces experimenta la soledad o el desprecio, la atención debida. En las necesidades básicas de una persona que aquí se reparten como quien reparte la pequeña obra de la divina misericordia.

Por eso, en esta mañana, como cristianos, damos gracias y la damos en la eucaristía, que es lo que significa esta palabra en griego, dar gracias por tanta gracia, dar gracias pidiendo gracia. Me alegro con los Orionistas que son una bendición en nuestra diócesis al poder aportar como enriquecimiento este querido y precioso carisma. Pido a Dios que no nos falte y que se siga escribiendo una historia inacabada y se siga construyendo un edificio precioso que hace 75 años tuvo su comienzo con aquella primera piedra.

Querido padre general, en su persona yo agradezco a la Congregación que usted en este momento preside como Superior General y cada uno de los hermanos que han ido pasando a través de todo este largo tiempo por Posada de Llanes en este colegio y centro de atención que los Orionistas, sus hermanos, llevan adelante. Le doy las gracias. Y pido que mi bendición, que te impartiré al final de la celebración, se haga extensiva, no solamente para los 75 años que estamos celebrando, sino para tantas otras presencias que en el mundo entero, los Padres Orionistas, la Familia Orionista lleva adelante.

Que Dios os bendiga, que os guarde, que San Luis Orione nos proteja. Y nuestra Santina de Covadonga nos acompañe, amén.

 

+ Fr. Jesús Sanz Montes, ofm
Arzobispo de Oviedo