En la mañana de este martes, 1 de septiembre, ha tenido lugar, en el Palacio episcopal, la entrega de los nombramientos para este curso 2026 efectuados el pasado mes de julio por el Arzobispo de Oviedo, Mons. Jesús Sanz. Sacerdotes y diáconos acudieron al encuentro, donde Mons. Sanz les recordó que «este acto de los nombramientos que cada año tiene lugar aquí en el Arzobispado durante la Novena de nuestra Santina de Covadonga, de donde vengo ahora justamente para estar con vosotros, es un acto importante porque Dios escribe su historia en nuestra biografía personal». «Tenemos diferentes edades –les dijo a los asistentes–, son distintos los escenarios de nuestra circunstancia y nuestra vida ministerial y nuestra andadura va cubriendo las etapas a las que la Providencia nos envía y nos confía dentro de la Iglesia del Señor. Distintos escenarios nos acogen en el pasar de nuestros años, aunando el tiempo y el espacio con que cada uno levanta acta de su diario cotidiano por donde nuestra vida crece, se asusta, se cansa, se quiebra, pero también sabe soñar y tener esperanza. La entrega de los nombramientos es una cita eclesial donde la misión que recibimos el día de la imposición de manos que nos hizo ministros del Señor se vuelve a reestrenar o, en algunos casos, dar su primer sí de otros que luego vendrán».
Presentes estaban los once diáconos y presbíteros recién ordenados la pasada festividad de Pentecostés: «Ellos van a estrenar su primer destino ministerial», afirmó el Arzobispo de Oviedo, recordando que también ha habido párrocos fallecidos y algunos gravemente enfermos que necesitan sustitución. Los nombramientos responden a estas «circunstancias», decía, «No siempre nuestras parroquias lo entienden y lo acogen. Lo cual no es una mala noticia. Sobre todo cuando eso está expresando el afecto y la gratitud hacia un sacerdote que no quieren perder. A veces los propios sacerdotes se pueden sentir incomodados por un cambio que no preveían. O a veces te han pedido ellos mismos, por diferentes motivos, un cambio a efectuar. Sea cual sea la circunstancia, volvemos a pronunciar el “sí” del día de nuestra ordenación, porque somos peregrinos de la voluntad de Dios y no turistas de nuestros intereses o de nuestros caprichos. Y por eso el sí, que en vuestros labios se escucha, es digno de ser reconocido y agradecido. Yo así lo hago», les reiteró.
Finalmente, cada uno de los presentes fue llamado personalmente y se le hizo entrega del documento que acredita su nuevo destino.