El responsable del Secretariado de Pastoral de Migraciones y Movilidad Humana de nuestra diócesis, José del Riego, ha querido manifestar su opinión acerca de la aprobación del Decreto, anunciado esta semana, que regulariza la situación de miles de personas en nuestro país. Personas de otras nacionalidades, que actualmente viven entre nosotros, como suele decirse, «sin papeles». «Nuestra postura es la misma que ha expresado la Iglesia española por medio del Departamento de Migraciones de la Conferencia Episcopal», explica. «Nos alegramos de esta noticia, porque supone un acto de dignidad humana y social, dando unos derechos a unas personas que ya están entre nosotros. No personas que van a venir, sino que ya están y están trabajando, ganándose la vida pero obligados a hacerlo en condiciones indignas y, en algunos casos, inhumanas».

José del Riego
Para José del Riego, «el no tener papeles conlleva un sufrimiento tremendo. No sólo el miedo a que, en un momento determinado, en un control policial, te puedan detectar y te veas abocado a una expulsión, sino también en cosas elementales que los ciudadanos podemos hacer con toda normalidad y sin embargo, ellos no pueden: desde estudios, alquilar un piso o una habitación o incluso poder convalidar su carnet de conducir que tenían de su país. Hay personas que, en su país, eran profesionales del transporte y aquí no pueden conducir al no tener papeles. Son infinidad de situaciones –explica el responsable de Migraciones en la diócesis–, que el ciudadano normal ni se imagina».
Al mismo tiempo, desde esta institución diocesana se recuerda que esta aprobación «no es una varita mágica que se hayan sacado ahora en el Gobierno, sino que tiene un trasfondo importante, que va más allá de los partidos políticos». Y es que hace unos años tuvo lugar una recogida masiva de firmas por parte de toda la sociedad española, realizada en el plazo de tiempo que marca la ley, para que el Congreso aprobara una Iniciativa Legislativa Popular por la cual llevar a cabo esta gran regularización. «Se recogieron nada menos que 700.000 firmas de ciudadanos españoles que hacían esta petición». Esta Iniciativa fue apoyada por la Iglesia española en sus numerosas instituciones que trabajan para apoyar a las personas más desfavorecidas o en situaciones de injusticia social. «Esto responde a un anhelo y a un proceso en el que participaron muchísimos cristianos y muchísimas parroquias que colaboraron de manera activa e ilusionada –afirma José del Riego–. No podemos alegrarnos más».